jueves, 21 de mayo de 2015

HUMMUS

Hoy traigo una receta muy sencilla, sana y resultona: Hummus

Los ingredientes:
- 200 gr de garbanzos cocidos (si son de bote, aclarar bien para eliminar restos de conservantes)
- 50 ml de aceite de oliva virgen extra
- el zumo de medio limón
- 1 cucharada tamaño café (cdc) de comino molido
- 1 cdc canela
- 1 cdc de pimentón dulce
- 1 ajo pelado
- pimienta negra
- sal

Opcionales: 
- tahini (es una crema a base de sésamo. Yo no tenía y no la puse. 
- cilantro
- agua (preferiblemente la de haber cocido los garbanzos), si se desea una textura menos espesa. 


Se procesan todos los ingredientes juntos en el vaso americano y se decora con un poquito pimentón y un chorrito de aceite. Yo lo acompañé con regañás en aceite de oliva, pero una opción menos calórica es hacerlo con palitos de zanahoria, pepino etc. 


Lo bueno es que esta receta lleva garbanzos, que es una legumbre que a mí se me suele olvidar comer. Los garbanzos son ricos en lecitina, que ayuda a eliminar las grasas y a controlar el colesterol. A partir de la lecitina, se forma colina, componente de algunas vitaminas del grupo B. Contienen ácido fólico, por lo que son recomendables durante el embarazo y lactancia. Cuidan el hígado y protegen de enfermedades cardiovasculares. Además, favorecen el funcionamiento del sistema nervioso y muscular. Y por último, al contener hidratos de carbono de liberación lenta, no provocan picos de azúcar, por lo que nos mantienen saciados durante más tiempo y por tanto favorecen el control del peso. 

En resumen, una receta bien sencilla, con la que darás un toque exótico a tus aperitivos, a la vez que cuidas tú salud

lunes, 18 de mayo de 2015

Galletas PICUNELAS

Las hacía mi abuela y las llamaba PICUNELAS. Y hoy las quiero compartir. Es mi forma de reivindicar cariñosamente la cocina de nuestras abuelas, ahora que todos buscamos nuevos ingredientes y recetas innovadoras para sentirnos más sanos y no aburrirnos con las comidas. 

Estas son muy fáciles de hacer, de ingredientes básicos y bien baratos que seguro tenéis en casa, y divertidas para los más peques de la casa, que se lo pasan bomba recortando la masa. 

Ingredientes:

- Dos huevos
- Un limón
- 83 gr de mantequilla
- 83 gr de azúcar (yo esta vez he puesto azúcar blanca)
- Harina, tanta como nos pida la masa (yo he usado de repostería)
- Una cucharadita de moca de levadura royal

Con las manos en la masa

- Le quitamos al limón la cáscara (no lo blanco, que amarga) y la picamos finita.


- En un bol añadimos uno de los huevos, la mantequilla derretida, la cáscara de limón picada, el azúcar, la levadura. Batimos. 

- Vamos añadiendo harina mientras removemos. Cuando la mezcla está más consistente, la pasamos a la encimera y seguimos añadiendo harina y amasando con las manos hasta que la mezcla tiene una textura consistente para recortar las galletas. 


- Estiramos la masa con el rulo.


- Escogemos los moldes y recortamos.

- Ponemos las galletas en una bandeja con papel de horno.
- Batimos el segundo huevo y pintamos las galletas con una brocha.
- Mezclamos azúcar con canela y añadimos a las galletas pintadas con huevo.
- Horneamos a 180º unos diez minutos (depende de cómo de gordas hayamos hecho las galletas, de cuánto hayamos estirado la masa con el rulo. Esto va en cuestión de gustos)



Y listas para merendar.

lunes, 11 de mayo de 2015

Empresas irreconciliables

A mediados de año (me bailan las fechas) la empresa para la que trabajo, con domicilio social en Gran Bretaña, anunció que quería deshacer su presencia en la península y que vendía casi el total de su negocio en España. Unos meses después encontró comprador: una empresa española, catalana, para más pistas. 

Tras meses de incertidumbre, los empleados empezamos a vislumbrar qué va a ser de nosotros. La comunicación ha sido, a nuestro juicio, ineficiente, contradictoria en ocasiones, y opaca en todo momento. Sobre todo, ha sido extraoficial, porque las novedades las hemos ido conociendo por el boca a boca, y nunca por una comunicación escrita. 


Mi nueva empresa forma parte de un grupo, pero no somos la "compañía principal". Así que mientras para la grande se ha negociado un ERE y se ha dado a los empleados la oportunidad de salir con unas condiciones medianamente aceptables, los que trabajamos en mi empresa podemos irnos a casa si no nos gusta lo que nos ofrecen, sí, pero con una mano delante y otra detrás. Y explico por qué: 

- En un principio nos dieron a entender que podríamos beneficiarnos de las condiciones del ERE aunque nuestra compañía oficialmente no entraba en este expediente de regulación de empleo. 

- Meses después, los catalanes se desdicen y ahora no hay ERE que valga. "No vas a querer irte", me aseguró el responsable de Recursos (In)Humanos cuando le pregunté sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo para abandonar la compañía. 

Pero después de conocer las nuevas condiciones, no está tan claro que no prefiriese salir por patas. Entre las razones principales, enumero las de más peso:

- Sueldo congelado durante los próximos cinco años. No se me ocurre medida más motivadora ¡Cómo se notan los másteres en gestión de personas!

- 6 días laborables menos de vacaciones al año. Casi nada. 

- Empeoramiento de la jornada laboral: ya no disfrutaremos de horario de verano ni de las tardes libres de los viernes. Además, el horario se extiende una hora más por las tardes (de 9 a 19), porque ahora en lugar de una, tendremos dos horas para comer. Menos mal, porque en 60 minutos siempre me faltaba tiempo para terminarme las lentejas con chorizo de mi tupper. 

Pero yo no me preocupo. ¿Y sabéis por qué? Porque estas pequeñas pérdidas nos las compensan con la friolera de mil euros anuales, casi equivalente a las aportaciones al plan de pensiones que también suprimen ¿Quién no estaría interesado en el canje? 

Lo mejor, las maravillosas medidas de conciliación de esta nueva empresa a la que pertenezco. Porque la falta de flexibilidad a la hora de entrar, la rigidez en los horarios de salida y las imprescindibles dos horas para comer son perfectas para una madre de tres niños pequeños que no quiere dejar de trabajar pero tampoco de ver, cuidar, criar y educar a sus hijos. Yo esperaba encontrar el equilibrio, pero me he equivocado de sector: más me valdría haberme apuntado a un circo



Y esta es la maravillosa empresa que se vanagloria de su compromiso social en los medios de comunicación. 

Por supuesto, los empleados nos encontramos con estas "lentejas" sin comerlo ni beberlo, sin capacidad de negociación alguna. Los romanos negociaban con gladiadores. Ahora se negocia con banqueros. Son otros tiempos. 


Un desayuno con canela y otras cosas ricas

Aunque mis propósitos son buenos, mi voluntad es débil y últimamente las galletas María Oro me están ganando la batalla. Y es que nadie dijo que comer sano fuese fácil... aunque en realidad lo difícil es cambiar, eliminar los malos hábitos con los que hemos convivido tantos años. 

Y entre galleta y galleta a veces asoma la lucidez y me hago desayunos con canela, como este: 


- Un vaso de leche desnatada (sí, de vaca, me encanta y no creo que jamás la elimine de mi dieta, sobre todo porque aún no estoy segura de que esas corrientes que la denostan tenga razón)

- Un kiwi, por su alto contenido en ese famoso antioxidante que es la vitamina C (sólo las guayabas y las grosellas lo superan) y en fibra soluble.

- Un plátano canario. Sí, canario, porque son los más sabrosos y dulcecitos y además porque mientras tengamos un producto nacional de calidad, ¿qué sentido tiene comprar una fruta que ha cruzado todo un océano para llegar a nuestro plato, con la contaminación que eso implica? 

En el siguiente link os invito a conocer la diferencia entre un plátano canario y una banana. Y aquí un buen resumen de sus beneficios: 


- Una tostada de pan integral con semillas. Integral porque al emplear harinas sin refinar, mantiene los nutrientes (fibra, vitaminas, sales minerales). Entra aquí si te interesan las diferencias entre el pan blanco y el integral. 

- Amasake de mijo. Este es uno de los últimos ingredientes que he añadido en mi dieta... y me encanta. El amasake es una crema dulce que se obtiene de la fermentación de un cereal, en este caso el mijo, del que hablaremos otro día, añadiendo un fermento natural, el koji,  que lo transforma en una deliciosa crema. 


El amasake es un producto tradicional de Japón que poco a poco se va introduciendo en las dietas occidentales. Tiene una alta digestibilidad y gracias a la fermentación está enriquecido con cantidad de nutrientes. Su sabor es dulce y lo mejor, su bajo contenido en calorías. 

Yo machaco el plátano con un tenedor, añado una cucharada de mijo y un poquito de canela (para mí, cualquier postre mejora si le añades canela). Unto mi tostada... ¡y a desayunar! 



lunes, 13 de abril de 2015

El cambio no es el destino, es el camino



Dicen que necesitamos 21 días para cambiar o implantar en nuestra rutina un nuevo hábito. Sin embargo, cuando hablamos de algo tan complejo como "alimentación", 21 días puede ser demasiado poco tiempo. 



En estos tiempos en que se han puesto de moda los batidos detox, la estevia, el kale o el amasake, es francamente difícil adaptar nuestra dieta mediterránea y tradicional a estos nuevos productos que en la mayoría de los casos desconocemos. 

Por eso, mi consejo es ir introduciendo estos alimentos poco a poco en nuestra dieta. No vayamos un día a un supermercado ecológico y nos volvamos locos comprando seitán, mantequilla de maní, leche de almendras, tofu, germinados y quinoa cuando no tenemos idea de cómo cocinarlos ni dónde emplearlos. Si lo hacemos, lo más probable es que nos gastemos un dineral y terminemos con un montón de productos en nuestra despensa o nevera que sólo cogeremos para tirar a la basura una vez hayan caducado. 

Mi consejo, basado en mi propia experiencia, es ir poco a poco. Algunas propuestas para empezar a "experimentar" con estos productos: 
  • Sigue cocinando el mismo bizcocho de siempre, pero cambia la harina refinada por otra integral. Te sorprenderá el sabor y te beneficiarás, entre otras cosas, de sus elevados niveles de vitamina K (importante para la coagulación de la sangre y el metabolismo de los huesos) No tendrás que variar recetas ni proporciones, y esto te animará a seguir por el camino de una dieta sana. 


  • De igual forma, puedes sustituir el arroz por arroz integral (no en paellas, porque primero tienes que cogerle el punto al integral, pero sí puedes empezar a sustituirlo cuando haces arroz blanco o con aceite crudo). Verás que el integral es menos "fino" y tarda significativamente más en cocinarse. Pero es fácil aficionarse a su sabor, además de que su contenido en fibra es mucho más alto y esto te ayudará, entre otras cosas, a mejorar el tránsito intestinal. 

  • Los desayunos: son la comida más fácil para empezar a introducir cambios en nuestra dieta. Olvídate de galletas y cereales azucarados, de tostadas con mermelada y de la bollería industrial. Tómate la tostada de pan integral con aceite de oliva y tomate. O compra leche de avena y copos de avena y hazte un prorridge, tan de moda últimamente. Sólo tienes que añadir dos o tres cucharadas de copos de avena y cocinarlos con la leche vegetal. Añade un poco de canela y si quieres algunos trozos de frutas (las fresas y el plátano son mis preferidos) y quizás alguna nuez. Tendrás un desayuno sano y energético. 

  • La quinoa también es un producto sencillo para introducir en nuestra dieta. Se cuece como el arroz y lo puedes añadir, por ejemplo, a ensaladas. La quinoa tiene alto valor en omega 3 y omega 6, con propiedades cardiovasculares. 

Son unos pasos sencillos, pero por algún sitio hay que empezar, y conviene que el principio sea sencillo para no desanimarnos. Otro día daremos otros consejos para introducir novedades en nuestra dieta.


Mientras tanto, comed sano, comed felices. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Papis, ¿nos estamos volviendo locos?

Hoy me contaba mi sobrino mayor que este año ya se lleva merienda al cole. Antes, "los pequeños", no tenían permiso para hacerlo. ¿Y qué te llevas?, le he preguntado. 

Barritas de cereales, palitos de "queso" de la vaca que ríe, fuet o un puñado de cereales de chocolate. 

No me ha entusiasmado su respuesta, pero asumo que es un niño que jamás siente la necesidad de comer y, salvo que sea algo medianamente apetecible para él, no abrirá la boca para merendar. 

Pero mi sorpresa ha ido a más cuando le he preguntado qué se llevan sus amigos el recreo. "Casi todos llevan Pringles", me ha contestado. También los hay que, según me ha contado, llevan una bolsita pequeña con gominolas. Si lo de las Pringles me ha dolido, lo de las gominolas ha conseguido indignarme


¿En qué clase de padres nos estamos convirtiendo? ¿En qué pensamos cuando les damos a nuestros niños gominolas para merendar, si es que acaso pensamos en algo? ¿Lo hacemos por pereza? ¿Por no tener que hacer entrar en razón a los niños sobre lo que es saludable y lo que es inadmisible? ¿Para evitar un enfado con nuestros hijos? ¿Lo hacemos por falta de sentido común? ¿Por desinformación? ¿Por qué?

Claro que la educación alimentaria de nuestros hijos depende en primer lugar de los padres, pero creo firmemente que los colegios deberían prohibir determinados tipos de comidas (si es que a las "chuches" se las puede llamar así). Según me decían mis sobrinos, está prohibido llevar frutos secos, entiendo que por el tema de alergias. ¿Por qué no prohíben también las gominolas, los fritos o los bollos industriales? Claro, ningún padre los puede denunciar porque su hijo se haya comido un trozo del Bollicao de su compañero, pero sí lo puede hacer si un niño alérgico se toma una almendra y sufre un suceso alérgico...

¿Ningún niño lleva fruta? He preguntado. Sí, hay un niño que suele llevar fruta. Y cuando hemos terminado nuestra conversación, mi sobrino le ha pedido a su mamá que mañana le ponga manzana para el recreo. No pretendo ser una radical con la comida, pero hay muchas alternativas más saludables que un bote de Pringles para los niños: 

- Fruta (un plátano les da energía y además es fácil de comer)
- Un yogur bebible o un tetra brick pequeño de leche con cacao (apropiado para niños como mi sobrino, a los que masticar les supone un esfuerzo)
- Un sándwich de pan integral con jamón de york y una loncha de queso
- Un bocata de jamón serrano con tomate
- Unos crudités de zanahoria con salsa de queso (Si les gustan los quesitos de la vaca que ríe, ¿por qué no unos palitos de verduras con una rica crema de queso?)
- Un trozo de bizcocho casero, sin grasas trans. Podemos cocinar el bizcocho con ellos (es sencillo y a los niños les divierte), y así se lo comerán con el orgullo de enseñar a sus amigos lo que han cocinado con mamá.
- Unas empanadillas caseras, con salsa de tomate, atún, guisantes...
- Un trozo de empanada (parecido a la empanadilla, pero con menos aceite, porque está cocinada al horno)
- Unos trozos de tortilla de patata



Son muchas las alternativas. No nos quedemos en lo más cómodo, porque a la larga, no es lo mejor. Enseñemos a nuestros hijos a disfrutar de la comida saludable, a diferenciar lo bueno de lo malo, a escoger por ellos mismos lo que es más apropiado para su salud. Las gominolas les darán un subidón de azúcar, pero al rato estarán agotados y querrán más. Un plátano, sin embargo, les aportará energía duradera y nutrientes de los que las gominolas están vacías. 

Ánimo, padres, intentadlo. Reconducir este tipo de hábitos es complicado, pero no imposible. Y la salud de nuestros niños nos lo agradecerá.

miércoles, 4 de febrero de 2015

De miel y limón

Ando acatarrada, con una tos que parece que me hubiese fumado medio Philip Morris, dolor de garganta y una secreción de mucosidad incontenible. Pero como estoy embarazada, prefiero no recurrir a los fármacos. Sé que podría tomar hasta 4 gramos de paracetamol al día, pero como ex hipocondríaca que soy, prefiero no hacerlo :) 

Así que esta mañana, después de haber pasado una noche con escalofríos, tos y sin poder apenas respirar, me he preparado un remedio casero que seguro que conocéis: 

He hervido un cacito de agua con: 

- El zumo de un limón, rico en vitamina C. Aunque hay estudios recientes que echan por tierra la sabiduría popular transmitida por nuestras abuelas, que nos decían que el zumo de limón y el de naranja nos protegían de los catarros, parece que al menos se admite que esta vitamina consigue acortar la vida del resfriado y relajar sus síntomas. 

Yo este invierno desayuno casi todos los días zumo de naranja, y ya voy por mi segundo resfriado, pero tengo que investigar, porque probablemente el embarazo esté afectando a mi sistema inmunitario...

Por otro lado, la vitamina C es esencial para reparar la piel, algo que no le viene nada mal a mi tripa, que en la semana 34 de embarazo alcanza ya un volumen impensable. 

- Dos bolsitas de infusión de manzanilla. Se trata de un antiinflamatorio natural, que es lo que mi garganta necesita. 

- Una cucharada sopera de miel. Pero miel de verdad. No de esa de supermercado que lleva más azúcar refinada que miel. La mía es miel traída directamente de las colmenas. Hace un tiempo leí que se trata del único alimento que con el tiempo no se estropea, no se pudre, no le sale moho. Y por mi experiencia, guardando botes de miel de un año para otro, puedo afirmar que es verdad. 

La miel alivia los síntomas del resfriado, y al aliviar las membranas irritadas, consigue reducir la tos. Además, pese a tener un alto contenido calórico, suaviza la acidez del limón y está bien rica. 

¡A ver si mañana me encuentro un poquito mejor!